Iglesias evangélicas y corona virus. Fe vs responsabilidad

Iglesias evangélicas y corona virus. Fe vs responsabilidad

A pesar de las ya conocidas recomendaciones de prevención contra el virus del corona virus, las iglesias continúan realizando cultos de asistencia masiva. Cuando la fe y la responsabilidad se enfrentan cara a cara.

Cuando el miedo, la inseguridad y la psicosis que envuelven al mundo desde las últimas semanas mantienen a muchos a la espectativa y tomando medias de prevención, otros parecen encontrar un refugio en la iglesia, en la fe y en Dios.

Iglesias de muchos credos han organizado vigilias, misas y cadenas de oración en un intento de contribuir en la búsqueda de una solución fácil y rápida que combata la COVID-19, aunque ello significara incumplir con las reglamentaciones de prevención impuestas por la OMS y los gobiernos.

El virus causa una enfermedad respiratoria como la gripe (influenza) con diversos síntomas (tos, fiebre, etc.) que, en casos graves, puede producir una neumonía. Para protegernos podemos lavarse las manos regularmente y evitar tocarnos la cara. El nuevo coronavirus se propaga principalmente por contacto directo (1 metro o 3 metros) con una persona infectada cuando tose o estornuda, o por contacto con sus gotículas respiratorias (saliva o secreciones nasales). Es por ello que el protocolo de seguridad y prevención aconseja evitar la realización de reuniones, espectáculos, eventos deportivos, celebración de cultos religiosos, etc. a fin de evitar el posible contagio y exparcion del virus.

A pesar de las recomendaciones y del riesgo que supone el contacto con grandes números de personas, las iglesias continúan celebrando sus cultos, en especial las iglesias evangélicas que son las más activas en cuanto a reuniones de oracion, vigilias y encuentros que pretenden hallar la cura o lograr la desaparición del virus desde la fe y la oración, dejando de lado la responsabilidad moral y social al no contemplar los riesgos del contacto cercano con otras personas que podrían estar infectadas o ser portadoras del coronavirus.

No hay forma de saber si la persona que está orando a nuestro lado no ha estado en contacto con personas enfermas o con superficies infestadas y no medimos las graves consecuencias para nosotros, para nuestra familia y para la sociedad que podríamos acarrear por anteponer la fe y las creencias personales antes que la responsabilidad, la conciencia y el compromiso ante los demás.

Muchas personas anteponen a Dios, a la fe o se excusan de sus actos irresponsables con pensamientos como “dios me protege”, “la sangre de Jesús me libera”, “mi casa está cubierta por la sangre de Cristo”, etc, más sin embargo, las creencias espirituales de cada uno no deberían de poner en riesgo la integridad de nuestra familia ni de los demás. Podemos orar o rezar desde casa, exponerse en lugares concurridos como iglesias solo puede contribuir a que el virus continue su ciclo.

Que nuestras buenas intenciones no sean una excusa para incumplir el protocolo de prevención, no olvides el dicho: “el camino al infierno está tapizado de buenas intenciones”.

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