
Lo que ocurre en La Falda es grave. Y duele. Duele porque no se trata solo de burocracia ni de papeles: se trata de salud, de dignidad, de vecinos que ya no soportan el abandono. Hace días, más de 600 personas firmaron un pedido claro: una audiencia pública para debatir el estado crítico del Hospital Municipal. La respuesta oficial fue que era imposible, que se necesitaban muchos trámites, que tomaría tiempo, que “no se podía”. La Municipalidad prometió, entonces, una reunión informal para el 12 de mayo, apenas un consuelo para calmar las aguas.
Pero en las últimas horas, la verdad salió a la luz. La misma Municipalidad organizó, para ese mismo 12 de mayo pero más tarde, una audiencia pública no vinculante, sin trabas, sin demoras, sin burocracia. ¿Para qué? Para anunciar brutales aumentos en los servicios del hospital.
Según trascendidos, el bono para no residentes pasará de $10.000 a $30.000, una radiografía costará $10.000 y hay tratamientos que llegarán hasta los $900.000. Una cifra que deja fuera del sistema a miles de vecinos, turistas, jubilados, y trabajadores precarizados. Todo esto, sin consultar al pueblo, sin escuchar los reclamos, sin voluntad de diálogo real.
La pregunta es inevitable: ¿por qué para subir tarifas se organiza una audiencia en dos días y para escuchar al pueblo no hay tiempo? La respuesta es igual de clara: porque les importa más recaudar que escuchar.
Esto no es solo una traición. Es una muestra de cinismo y desprecio por la participación vecinal. Una jugada política que subestima la inteligencia del pueblo.
Pero ya no hay vuelta atrás: los vecinos están despiertos. Y si la Municipalidad no escucha, los vecinos prometieron organizarse y reunirse para cuidarse entre ellos.
«Porque la salud no se negocia. Porque el silencio nos enferma. Y porque Punilla merece algo mejor«, concluyeron hoy los vecinos en un nuevo reclamo frente al hospital de La Falda.
